Observo, no sin cierta perplejidad -y algo de repugnancia-, la manera en que se están despachando los medios de comunicación para tratar el caso de "Nueva Rumasa".
Amén de mostrar una enorme "simpatía" hacia la figura del venerable D. José María, sufridor en el pasado de las acciones expoliadoras de estos garramantas llamados socialistas, y de rasgarse las vestiduras lamentándose de que este señor "haya sido pillado" en una supuesta estafa, en la que aparecen igualmente imputados sus hijos varones, la semántica con la que adornan sus ¡¡¡ohsss!!, ¡¡que barbaridad!!! ¡¡mira que verse ahora envueltos en esto!! ¡¡ohhhh!! y sus ¡¡por Diosss!!, incorpora calificativos milimétricamente estudiados, y calibrados, para referirse a las supuestas "víctimas" de la estafa: ¡¡pobres inversores!!, ¡¡es una barbaridad!! ¡¡ellos (refiriéndose naturalmente a los Ruiz Mateos), que paguen sus hipotecas con los que les de la gana, pero el dinero de los inversores es sagrado; es para invertir y no para utilización personal de la familia!!. Y tienen razón.
Dicho esto, lo que me llama poderosamente la atención, y es el punto al que quiero llegar, es el hecho de que, al referirse a los inversores que compraron pagarés Nueva Rumasa, en ninguna tertulia se escuchen calificativos o expresiones tales como: ¡¡es que eran unos codiciosos!!, ¡¡eso es lo que pasa cuando uno quiere que le den duros a cuatro pesetas", ¡¡pero ¿a quién se le ocurre invertir en una cosa con tan pocas garantías?!!, ¡¡ahora, que se jodan!!, y otras lindezas por el estilo que, al parecer, solamente se reservan para ser proferidas contra medio millón de inversores que no compramos pagarés de papel, sino un bien tangible, filatelia, a modo de contravalor, y que no desoímos advertencia alguna por parte de la CNMV, -porque jamás las hubo- como las lanzadas contra las inversiones de Nueva Rumasa.
Seis años después de haber sido injustamente intervenidas dos compañías mercantiles, Afinsa y Fórum Filatélico, la sociedad continúa sin saber lo que realmente esconde esta intervención -expolio político financiero, puro y duro- y mucho menos parece estar dispuesta a apearse de los prejuicios que tienen contra quienes, ejerciendo su derecho a invertir en la compra de un bien tangible al amparo de la Ley (DA-IV, noviembre 2003), mediante la firma de contratos comerciales lícitos que continúan a día de hoy vigentes, encontraron interesantes las sugerencias y recomendaciones de organismos oficiales, tales como el ICE, para la compra de filatelia como un modo atractivo, rentable y alternativo de una segura inversión. Y no por codicia, ni porque seamos unos ignorantes, señores tertulianos, sino porque, como consumidores que operan en libertad, en su momento, nos dió la real gana.
