domingo, 17 de junio de 2012

Caso Afinsa: Carta abierta a tres administradores concursales - 17.6.12


Vuestro trabajo apesta. Todo el poder que os confiere una arbitraria ley que parece pensada para que vosotros os hagáis  más ricos a costa de expoliar empresas y arruinar acreedores, no hace sino convertiros,  en realidad, en  peones de un juego profundamente inmoral.

Un solo átomo de decencia es lo que necesitáis para reconocer que lo que estáis llevando a cabo es indecente, poniendo fin con ello a vuestros movimientos. Pero, ¿lo tenéis?  Dais asco.  Deberíais pensar más allá de las prebendas, en cifras astronómicas, que soñáis con recibir como pago por vuestras actuaciones miserables. En realidad, no sois nada. Tan solo una herramienta al servicio de los  grandes grupos de poder político, judicial y financiero, que actúan al unísono, conchabados hasta la médula, en nuestro hundido país. ¡Pero que triste, venir a este mundo para acabar siendo tan solo un vendido y corrupto miserable!.

Y todo lo que estáis haciendo, ¿por qué y para qué? ¿Quién o qué os está impulsando a obrar así? ¿Vuestra propia codicia? ¿El grupo de pirañas que dió la orden?  ¿Algún que otro conmilitón que, agazapado en las sombras, espera impaciente su parte del despojo para darse un auténtico festín? ¿Alguna que otra toga que no ha dejado de arrastrar sus enlodados bajos por el polvo del camino? ¿Quién es el Rasputín,  siniestras marionetas, que sigue moviendo vuestros hilos?

Contemplar vuestra "obra", produce náuseas. ¡Qué manera tan miserable de transitar por la vida! Vuestro comportamiento nada tiene que envidiar al de las aves de rapiña. Actuáis –eso dicen-  amparados por la “ley”, pero no existe código moral, ni ley natural alguna, que ampare y legitime la profunda  inmoralidad de vuestras actuaciones. ¿Merece realmente la pena obrar de la forma en que lo estáis haciendo? ¿Desde cuando entra dentro de vuestras “obligaciones” pisotear los derechos de los demás? ¿Qué estáis recibiendo a cambio? No seáis cobardes. Decidlo.

Actuáis del modo en que lo hacéis porque os va mucho en ello pero también porque estáis convencidos de que ese siniestro  manto protector que os cubre y ampara os hace invulnerables. No lo sois. Tal vez suponéis que miles de imbéciles, expoliados, nunca van a denunciar vuestras tropelías. Os equivocáis. Aprovechad, tanto como podáis, el presente. Podéis estar seguros de que, en algún momento del futuro,  habréis de rendir cuentas; que recibiréis el justo pago, el que os corresponde, por  tanta indignidad.

No soñéis con ganar esta partida. ¿Sois conscientes de que, frente a la pasividad de la gran mayoría, manipulada y engañada, tan solo es necesario un denunciante para daros la batalla hasta el final?

Uno, tan solo, grandísimos miserables, es lo que se necesita para conseguir que seáis enjuiciados y castigados por vuestros presuntos desmanes. Y lo habrá. ¡Vaya si lo habrá!

Mila Hernán Álvarez.