Siempre hemos oído que “Nada es tan importante como la vida misma”, al fin y al cabo nada hay que pueda reemplazarla, pero ¿es del todo cierta esta afirmación o acaso existe algo más importante que la vida misma? Darwin diría que no y lo afirmaría con argumentos sobre la supervivencia del más apto; quizás este pensamiento evolutivo lleve a muchos a pensar que lo que impera en el mundo es la Ley de la Selva y dominados por esta forma de entender la vida existan aquellos que como animales irracionales apliquen a su vida y la de los demás, que toda acción tiene un móvil egoísta.