Mariano Rajoy nos “lee” que le
perdonemos. Nada de decir “lo siento”, a capela, con un sentimiento profundo
que brote del corazón y del arrepentimiento por actuaciones e inacciones
equivocadas. Él, Mariano, el del plasma, lo lee. Así sabe qué tiene que decir, y en qué momento preciso debe decirlo, para seguir mintiendo,
engañando y traicionando a sus votantes y a todos aquellos que le otorgamos el
poder de Gobernar con la esperanza de que pusiera en marcha la regeneración
democrática que tanto necesita nuestra decrépita España, comenzando por
acometer reformas profundas en las administraciones de justicia que desemboquen
en una auténtica separación de poderes y acaben con la coyunda que se traen
jueces y políticos para controlar, intervenir, triturar y destruir –cuando conviene- la
vida de los españoles.
Una visión del perdón consiste en
admitir que, cuando no cumplimos con aquello a lo que nos hemos comprometido –es
el caso de Mariano- o cuando nuestras acciones hacen daño a terceros- también
es el caso de Mariano- debemos estar dispuestos a asumir responsabilidades por
nuestros actos. Las fórmulas que normalmente utilizamos para ello consisten en
decir “lo siento”, “te pido disculpas” o –es el caso de Mariano- “te pido perdón”.
Sin embargo, otra visión del acto
de pedir perdón nos muestra al perpetrador de actuaciones lesivas –es decir, Mariano-
intentando liberarse de su culpa largándonos a sus víctimas el trabajo de “perdonarle”
para dejar atrás todo lo que ha ocurrido, para que nos olvidemos de sus
mentiras, de sus traiciones, y de todas sus promesas incumplidas, de manera que él pueda sentirse liberado del peso de su culpa y así, con la conciencia
"limpia, renovada y liberada”, él, Mariano, pueda estár en condiciones de volver a cometer las
mismas acciones, traciones y errores, por los que ahora nos está pidiendo perdón.
En otras palabras, en una situación
en la que se dan víctimas –los españoles-
y perpetrador –Mariano-, de no otorgarle el perdón que nos pide, condenando con
ello su manera de gobernar y de proceder, con nuestra condena invertimos
la ecuación: nosotros nos convertimos en villanos perpetradores, resentidos, en
tanto que el queda exento de culpa alguna y pueda ir de “héroe” por haber sido
de capaz de leer tres folios, ante otros tanto perpetradores, como él, pidiéndonos
perdón.
De eso nada, señor Rajoy. No se
trata aquí de “perdonarle” nada. Se
trata de que usted y su gobierno se pongan a trabajar, acometan todas las
reformas que tienen pendientes y cumplan las promesas que hicieron durante su
programa electoral (una de ellas traería causa de un folio, firmado en 2008, en el que va estampada su firma bajo un texto con
una declaración de compromiso para poner en marcha todas las medidas de ayuda necesarias
hacia las víctimas del expolio originado por ese gran villano llamado José Luis
Rodríguez Zapatero, la tristemente famosa “Operación
Atrio”).
De no hacerlo así, de seguir con
sus actuaciones, no haga usted más el ridículo ni vuelva a repetir su pantomima
de pedir perdón públicamente. Pase del perdón de los españoles, que condenamos firme y tajantemente sus actuaciones, y perdónese usted a si mismo –si es que puede- por todas sus
mentiras y traiciones a la palabra dada frente a sus millones de votantes.
Alice Miller dijo: "el auténtico perdón no bordea la rabia sin tocarla,
sino que pasa a través de ella.
A la vista de sus actuaciones, y desde la más profunda rabia por
sentirnos traicionados y engañados, sepa usted que el regalo de otorgarle nuestro perdón es un lujazo que los
españoles no nos vamos a permitir.